Lo había visto hace unos años. Sin embargo, lo miré hace
unos meses.
Me costó percatarme de su particular forma de ser. Y creo
que es porque sus ojos me hacen volar a ese lugar donde dejé mi inocencia. Es
esa clase de personas que te generan ganas de empaparte de su esencia. Y
créanme que su caminar desapercibido se contradice con su seguridad.
-“Hola”, me salió decirle. “¡Tonta! Tenías que contarle que todas
las noches pensás en su enorme sonrisa”, me dije mientras me acomodaba en el
banco.
-“¿Todo bien?”, respondió.
No contesté. No sabía que contestar. No sé si está todo
bien. Para ser sincera, nunca me sentí así. Nunca nadie me había mirado así, me
siento desnuda cuando lo hace. Tiemblo como una hoja de otoño cuando me habla.
Sueño todas las noches con besarlo y perderme en uno de sus abrazos. ¿Qué me
pasa? ¿Qué es lo que siento? Cupido deberías por lo menos haberme avisado que iba
a encontrar el amor en la fila de atrás.
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