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domingo, 16 de agosto de 2015

A mi abuela, que la extraño

Ella y su mirada lo eran todo para mi. Su sonrisa era un arma feroz para mis penas. Su rostro lleno de arrugas me daba la paz que tanto anhelaba. Sabía con tan sólo escucharme decir un simple y tímido"hola" lo que ocurría dentro de mi. Se encargó, junto con mi abuelo, de llenar cada vacío y cada ausencia con paciencia y ternura.  Me enseñó de todo un poco: de atarme los cordones a amar la geografía, la historia, la poesía.
Y hoy acá estoy, escribiendo de ella. Extrañándola a más no poder. Con ganas de decirle todo lo que no alcancé.

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