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martes, 8 de diciembre de 2015

Otro año y van..

Llega fin de año y a todos nos da el síndrome del balance. Empezamos a poner en nuestra propia balanza lo acontecido en el año, a las situaciones que la vida nos ha puesto a lo largo de 365 días.
Juzgamos nuestras acciones como erróneas, acertadas, completas, vacías. Cuestionamos nuestras posturas frente a un mundo cada vez más loco, más desalmado o más cuerdo y feliz, según quién lo mire.  
Este año, yo por mi parte, me llevo poco y mucho.
Poco, porque en el camino dejé lo que me lastimaba, me alejé de cualquier existencia, situación, pensamiento y sentimiento negativo o auto destructor.
Mucho, porque tengo una mochila llena de sueños, aspiraciones. Llena de personas que han sabido regalarme en la magia de una sonrisa, un beso, un abrazo o una simple palabra de aliento el verdadero valor de la amistad, el compañerismo y el amor.
Con este modesto equipaje pretendo enfrentar lo que resta del año y hacerle cara al 2016

viernes, 21 de agosto de 2015

Caminito

Cada vez me convenzo más de que la vida es un camino y que detrás de cada persona, hay una historia para contar. Quizás algunos tengamos realidades parecidas o similares, pero sólo en algunos aspectos. Cada uno de nosotros tiene una forma particular de ver, sentir, afrontar y contar esa historia.
Algunos están decepcionados o no convencidos de su andar. No entienden el por qué de los desvíos y se olvidan que la marcha sigue y que, si ellos lo desean y se lo proponen, pueden volver al punto de salida. Pocos son los valientes que deciden empezar de cero y esto no es signo de debilidad, al contrario es tener la fortaleza de enfrentar a ese camino que no queremos seguir.
Otros optan quizás por lo que a mi entender es el camino más fácil: los círculos viciosos. Quizás por temor a lo nuevo o por cobardía de reconocer las debilidades que cada uno de nosotros tenemos, este grupo vive a veces cansado, a veces despierto dando vueltas en lo mismo.
Pero una reducida (y afortunada) selección  aprendimos a amar nuestro andar, no porque sea perfecto, sino porque entendimos que en cada paso aprendemos algo.
No podemos seleccionar lo que se nos cruza en nuestro tránsito: obstáculos, personas, entre otros. Pero sea cual sea el recorrido, al circuito y a la marcha la elegimos nosotros. 


domingo, 16 de agosto de 2015

A mi abuela, que la extraño

Ella y su mirada lo eran todo para mi. Su sonrisa era un arma feroz para mis penas. Su rostro lleno de arrugas me daba la paz que tanto anhelaba. Sabía con tan sólo escucharme decir un simple y tímido"hola" lo que ocurría dentro de mi. Se encargó, junto con mi abuelo, de llenar cada vacío y cada ausencia con paciencia y ternura.  Me enseñó de todo un poco: de atarme los cordones a amar la geografía, la historia, la poesía.
Y hoy acá estoy, escribiendo de ella. Extrañándola a más no poder. Con ganas de decirle todo lo que no alcancé.

Minicuento: Otoño

Ella, triste y pálida como siempre. Él, desganado y apagado como nunca. Estaban allí, en aquel árbol. Aquel donde, tímidamente una tarde de octubre se habían dado su primer beso. Las hojas de los cerezos caían lentamente, parecía que bailaban. Milena sólo miraba a los niños jugar en la calesita de la plaza. Gabriel pensaba "¿Será un adiós o un hasta luego?". Dejarla ir le asustaba, pero perderla...perderla sí que no estaba en sus planes.